martes, 4 de junio de 2013

Yogur Desnatado.



4. Hacer dieta.

- ¿Crees que vas a aguantar mucho tiempo con ése propósito?.

Le contesté con un gruñido.

Andrew no paraba de leer mi Lista. De arriba abajo y de abajo a arriba. Como si buscara fallos, el muy mamón. Él sentado en una de las butacas de la cocina mientras yo colocaba la compra. Prácticamente ha sido la primera compra decente que he hecho en meses, y me dediqué exclusivamente a elegir productos sanos, variados, bajos en grasas y con una lejana fecha de caducidad.

- ¿Y piensas cocinar todos los días? - siguió preguntando inquisitivamente.
- El propósito es hacer dieta, no aprender a cocinar. - le respondí cortante mientras metía la verdura en los cajones de la nevera. - Además, me paso en el hospital mucho tiempo, acabaré comiendo del menú como siempre.
- Podrías modificar ésto y poner "Hacerme la comida para aprender a comer bien".
- Mi psiquiatra me ha dicho que deben ser objetivos cortos, y lo que me dices tú son dos.

Mientras se reía abrió una de las bolsas que aún estaban encima de la encimera.

- ¿Piensas alimentarte a base de yogures?
- Eh, que son yogures desnatados. Y son buenos para comer entre horas.


lunes, 4 de junio de 2012

Best Friend.



Andrew y yo somos amigos desde la Universidad, mejores amigos. Los dos eramos novatos en el ambiente urbanita y elitista de la facultad de Medicina, y nos conocimos cuando ambos nos percatamos, en medio de una clase de Patología, que llevabamos la misma camiseta de The Rolling Stones. Evidentemente, nos hicimos amigos enseguida, y fue una sorpresa ver como alguien entre todos aquellos snobs parecía tener algo de interesante. También fue una sorpresa ver que detrás de la puerta de su habitación en la residencia tenía un poster tamaño real de Madonna y que, para ser un gay recién salido del armario, lo disimulaba bastante bien.

Desde esa época hemos sido amigos hasta la muerte, más concretamente, él es mi mejor amigo gay. 

Parece ser que todas las chicas siempre han querido tener un mejor amigo gay. Sobre todo para aconsejarse sobre ropa, zapatos, hombres y esas mamarrachadas esterotipadas de las películas de comedia romántica. No saben lo que es esa responsabilidad. Es como cuando un niño quiere un cachorrito por Navidad, pero no sabe lo que significa tener un perro hasta que tiene que recoger su primeta caquita de la alfombra. Con Andrew, es más o menos lo mismo. 

No es que esté comparando a Andrew con un perro, sonaría muy frívolo por mi parte. Digamos que Andrew es un poco inestable emocionalmente, propenso a enamorarse de cualquier hombre con pinta de encantador que se le cruce. Siempre abundan los "solo quiero un rollo de una noche", los "no quiero comprometerme" y los heterosexuales, y como no, esos desengaños amorosos le producen el estado por el que puede pasar cualquier quinceañera en su éxtasis hormonal al descubrir que el chico que le gusta ya está saliendo con otra más "suelta" que ella.

¿Y quién se traga todos esos momentos?. La menda. El pobre Andrew ve en mí el unico apoyo moral que tiene, y claro, yo tengo que abrir la consulta de la doctora Amor cada vez que le abandonan. Por suerte siempre tengo preparadas varias tarrinas de helado en el congelador. Las películas de Audrey Herpburn ya se encarga de traerlas él. 


- ¿Puedo quedarme a dormir aqui hoy? - me preguntó con voz desolada y los ojos llorosos.


Yo solo pude asentir con resignación, aún así ya se había acomodado en el sofá con la intención de pasar la noche lloriqueando en silencio. Tendría que ir a buscar ya las tarrinas de helado.

Y mientras veo como mi noche especial de Tarantino se iba convirtiendo poco a poco en otro canto al desamor, solo puedo preguntarme: ¿en serio los gays no tienen un radar para detectar heteros y así no arrimarse a ellos?.


lunes, 16 de abril de 2012

Alone.



Una de las realidades que más me ponía de los nervios, era que iba a acabar sola.


Ya me lo advitió mi madre: "Si no te pones más guapa nunca encontrarás novio". Tambien Andrew  me advertía que "si no disfrutaba un poco más de la vida ningún tío se fijaría en mí". Mi perra continuamente me mira con desdén y me dice que "si no sales de esta vida asquerosa que llevas, acabarás sola y amargada y rodeada de los pelos que te deje en las esquinas". O eso es lo que parece que me dice.


El simple pensamiento de que estaré sola el resto de mi vida me hace amargarme aún más. Esas tardes melancólicas que paso hundida en el sofá haciendo zapping acompañada de un rico paquete de cacahuetes, como esta misma, son debido a esa dificultad de que ningún sujeto masculino quiera acercarse a mí a menos de diez metros.


En tardes como estas solo me dan ganas de beber cerveza a reventar. Pero uno de mis objetivos de la lista es perder peso. Así que solo podré comer cachuetes salados hasta que el carraspeo sea insostenible.



jueves, 22 de marzo de 2012

Lista de cosas por hacer.



Antes que nada me gustaría dejar bien claro que no escribo en este cuaderno por gusto, hobby o aburrimiento. Esto es simplemente un ejercicio que mi psiquiatra me ha mandado a hacer y que considero una estupidez como otra cualquiera.

Ahora sí, puedo presentarme.

Mi nombre es Claire, tengo 32 años. Actualmente peso 79 kilos y mido 1’70 metros. Tengo el pelo negro y ondulado, mis ojos son marrones claros, calzo un 40 de pie. Y mi vida es una mierda.

Sí, últimamente lo único que pienso es eso. Mi vida es una mierda. Hasta he pensado cambiarme el apellido. A partir de ahora seré Claire Mividaesunamierda, y cuando me presenten a alguien nuevo será divertidísimo, y la ventaja es que me tendré que ahorrar las conversaciones inútiles de lo que hago o como es mi vida. Imagínalo: “Hola, soy Claire Mividaesunamierda, encantada de conocerle.” y entonces la otra persona pensará: “Pobre muchacha, está como un cencerro, mejor no hablar con ella”. Matas dos pájaros de un tiro y encima te dejan tranquila.

El único problema es que cualquiera pensará: “Siendo cirujana tiene que vivir como nadie, no sé de que se queja.”. Mentira cochina. Si pasarse días enteros metida en un edificio de paredes blancas, lámparas halógenas y que huele a lejía barata y pis es vivir como nadie, entonces sería de las más privilegiadas.

Porque no es por ponerme pesada con lo mismo, pero es que mi vida, sincera y objetivamente, es de lo mas triste que ha podido presenciar la raza humana. Y por eso escribo esto. Sí. Harta de la vida tan solemnemente triste que llevaba, decidí ir a una psiquiatra que me habían recomendado o que había leído su placa dorada por ahí. Ella me dijo que, para cambiar mi vida tan radicalmente, tenía que hacer una lista. Comprarme un cuaderno y hacer una lista de las cosas que tenía que cambiar o mejorar. Y cumplirlas, claro está.

Sí, a mi también me resulta ridículo. Pero para algo la pago.


lunes, 14 de noviembre de 2011

Alice.



Mi nombre es Alice Cooper, y mi vida es perfecta.

Se podría decir que una vida perfecta se puede basar en una infancia feliz. Llena de tardes de juegos, de risas y de cariños paternos. Una adolescencia llena de popularidad, alguna que otra fiesta loca, traiciones entre amigos, la primera vez. Una juventud en la universidad donde los conocimientos crecen y la experiencia también, encontrar un trabajo, ascender, conseguir prestigio.

Mi nombre es Alice, de apellido Cooper, soy diseñadora gráfica en una empresa de diseño. Vivo en un ático del centro con mi prometido. Somos la pareja perfecta según nuestro círculo de amigos y conocidos, nos casaremos en un año. Mi gato persa es de pura raza. Mis muebles son de la mejor calidad. Mi ropa es de marca. Viajo alrededor del mundo presentando proyectos para mi empresa. Mi dentista es privado y mi peluquera siempre tiene hora para mí.

Hace dos semanas, fui al especialista por un resfriado que persistía. No era un resfriado.

Mi nombre es Alice, y mi vida es perfecta. Excepto que tengo tuberculosis.

Y este es el momento en que, sentada en mi sofá modelo Karlstad comprado en Ikea pienso: ¿qué he hecho para merecer esto?.

Hoy me ha llegado en el correo la carta de despido, aunque pretenden disimularlo con “una suspensión de empleo temporal”. Mi prometido hace una semana que me abandonó, su excusa fue que “no podría soportar mi pérdida repentina”. Se ha llevado toda su ropa, sus películas, sus discos. Se ha llevado hasta el gato. Mi casero hace dos días me ha dicho cuando pienso poner el ático en venta.

Mi nombre es Alice Cooper, y me he quedado sin trabajo, sin novio, sin casa y sin gato. Mi vida ya no es tan perfecta como pensaba. Creo que, en el fondo, no me queda nada por lo que luchar.

Esta mañana mis pulmones han soltado el primer esputo de sangre. Mi médico privado ha dicho que me queda menos de tres meses.

Y yo pensaba que esto ya estaba erradicado. “¿Qué he hecho yo para merecer esto?”.

Y este es el momento en que, sentada en mi sofá modelo Karlstad, pienso que lo mejor sería recoger mis cosas, guardarlas en cajas y mandarlas a una obra de caridad.

Total, ya no me queda nada por lo que luchar.