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domingo, 14 de febrero de 2016

Piel.



Tengo tatuadas dos rosas rojas,
una amarilla,
cuatro muciélagos,
un paraguas
y dos animales más.

Aun así sigo decorando mi piel con moratones
porque la falta de vista hace que me tropiece con todo.
Con cortes,
con quemaduras de aceite caliente,
con mordidas y lametones.

Tengo tatuado un origami,
una chica a la que le falta la mitad de la cara
y una inquietante mano de robot que sostiene la frase de una canción.

Y aun así tengo hueco para más granitos,
espinillas,
cicatrices y heridas,
más estrías,
más tinta de bolígrafo recordándome lo que tengo que hacer al llegar de clase
y ojeras perennes.

Sigo siendo una de esas libretas que no he terminado de llenar,
una memoria con espacio libre,
porque a la piel hay que darle uso
y a mí todavía me queda mucho hueco para escribir.



miércoles, 21 de octubre de 2015

Sombra.



Me siento bajo una sombra que se alarga mucho más de lo que creo.
Llega lejos, muy lejos
tanto que a veces parece no tener final.

Espero la aprobación de algo que haya hecho mal.
Sentada espero, pero no llega nada.

"Lo has hecho bien"
"Tienes razón"
"Eres válida"

Me lo repito a mí misma y termino por creerlo.
Aunque la inseguridad me coma por dentro
porque nadie nunca me lo ha dicho.

"¿Y por qué tengo yo que esperar a que me lo digan?" me pregunto,
"si yo, sola, puedo con todo".
"Eso es lo que siempre me han hecho creer".

Pero cuando miro hacia arriba no veo estrellas
y en la sombra hace frío.