lunes, 16 de abril de 2012

Alone.



Una de las realidades que más me ponía de los nervios, era que iba a acabar sola.


Ya me lo advitió mi madre: "Si no te pones más guapa nunca encontrarás novio". Tambien Andrew  me advertía que "si no disfrutaba un poco más de la vida ningún tío se fijaría en mí". Mi perra continuamente me mira con desdén y me dice que "si no sales de esta vida asquerosa que llevas, acabarás sola y amargada y rodeada de los pelos que te deje en las esquinas". O eso es lo que parece que me dice.


El simple pensamiento de que estaré sola el resto de mi vida me hace amargarme aún más. Esas tardes melancólicas que paso hundida en el sofá haciendo zapping acompañada de un rico paquete de cacahuetes, como esta misma, son debido a esa dificultad de que ningún sujeto masculino quiera acercarse a mí a menos de diez metros.


En tardes como estas solo me dan ganas de beber cerveza a reventar. Pero uno de mis objetivos de la lista es perder peso. Así que solo podré comer cachuetes salados hasta que el carraspeo sea insostenible.



jueves, 22 de marzo de 2012

Lista de cosas por hacer.



Antes que nada me gustaría dejar bien claro que no escribo en este cuaderno por gusto, hobby o aburrimiento. Esto es simplemente un ejercicio que mi psiquiatra me ha mandado a hacer y que considero una estupidez como otra cualquiera.

Ahora sí, puedo presentarme.

Mi nombre es Claire, tengo 32 años. Actualmente peso 79 kilos y mido 1’70 metros. Tengo el pelo negro y ondulado, mis ojos son marrones claros, calzo un 40 de pie. Y mi vida es una mierda.

Sí, últimamente lo único que pienso es eso. Mi vida es una mierda. Hasta he pensado cambiarme el apellido. A partir de ahora seré Claire Mividaesunamierda, y cuando me presenten a alguien nuevo será divertidísimo, y la ventaja es que me tendré que ahorrar las conversaciones inútiles de lo que hago o como es mi vida. Imagínalo: “Hola, soy Claire Mividaesunamierda, encantada de conocerle.” y entonces la otra persona pensará: “Pobre muchacha, está como un cencerro, mejor no hablar con ella”. Matas dos pájaros de un tiro y encima te dejan tranquila.

El único problema es que cualquiera pensará: “Siendo cirujana tiene que vivir como nadie, no sé de que se queja.”. Mentira cochina. Si pasarse días enteros metida en un edificio de paredes blancas, lámparas halógenas y que huele a lejía barata y pis es vivir como nadie, entonces sería de las más privilegiadas.

Porque no es por ponerme pesada con lo mismo, pero es que mi vida, sincera y objetivamente, es de lo mas triste que ha podido presenciar la raza humana. Y por eso escribo esto. Sí. Harta de la vida tan solemnemente triste que llevaba, decidí ir a una psiquiatra que me habían recomendado o que había leído su placa dorada por ahí. Ella me dijo que, para cambiar mi vida tan radicalmente, tenía que hacer una lista. Comprarme un cuaderno y hacer una lista de las cosas que tenía que cambiar o mejorar. Y cumplirlas, claro está.

Sí, a mi también me resulta ridículo. Pero para algo la pago.


lunes, 14 de noviembre de 2011

Alice.



Mi nombre es Alice Cooper, y mi vida es perfecta.

Se podría decir que una vida perfecta se puede basar en una infancia feliz. Llena de tardes de juegos, de risas y de cariños paternos. Una adolescencia llena de popularidad, alguna que otra fiesta loca, traiciones entre amigos, la primera vez. Una juventud en la universidad donde los conocimientos crecen y la experiencia también, encontrar un trabajo, ascender, conseguir prestigio.

Mi nombre es Alice, de apellido Cooper, soy diseñadora gráfica en una empresa de diseño. Vivo en un ático del centro con mi prometido. Somos la pareja perfecta según nuestro círculo de amigos y conocidos, nos casaremos en un año. Mi gato persa es de pura raza. Mis muebles son de la mejor calidad. Mi ropa es de marca. Viajo alrededor del mundo presentando proyectos para mi empresa. Mi dentista es privado y mi peluquera siempre tiene hora para mí.

Hace dos semanas, fui al especialista por un resfriado que persistía. No era un resfriado.

Mi nombre es Alice, y mi vida es perfecta. Excepto que tengo tuberculosis.

Y este es el momento en que, sentada en mi sofá modelo Karlstad comprado en Ikea pienso: ¿qué he hecho para merecer esto?.

Hoy me ha llegado en el correo la carta de despido, aunque pretenden disimularlo con “una suspensión de empleo temporal”. Mi prometido hace una semana que me abandonó, su excusa fue que “no podría soportar mi pérdida repentina”. Se ha llevado toda su ropa, sus películas, sus discos. Se ha llevado hasta el gato. Mi casero hace dos días me ha dicho cuando pienso poner el ático en venta.

Mi nombre es Alice Cooper, y me he quedado sin trabajo, sin novio, sin casa y sin gato. Mi vida ya no es tan perfecta como pensaba. Creo que, en el fondo, no me queda nada por lo que luchar.

Esta mañana mis pulmones han soltado el primer esputo de sangre. Mi médico privado ha dicho que me queda menos de tres meses.

Y yo pensaba que esto ya estaba erradicado. “¿Qué he hecho yo para merecer esto?”.

Y este es el momento en que, sentada en mi sofá modelo Karlstad, pienso que lo mejor sería recoger mis cosas, guardarlas en cajas y mandarlas a una obra de caridad.

Total, ya no me queda nada por lo que luchar.



viernes, 1 de julio de 2011

Burn.



- No es que me guste del todo hacerlo, - dijo mientras escupía el humo que salía de su garganta - pero puedo pensar mejor.

Dicho esto, cogió el cigarro y, con una desición pasmosa, clavó la punta de ceniza en la quemadura casi cicatrizada de su antebrazo. Dejó escapar una mueca de satisfacción.

- ¿Y dices que eso te hace sentir mejor contigo misma? - dijo su hermana con un tono sarcástico.
- Digamos que es mejor que toser sangre. - contestó, hiriente.

Ambas se sumieron en un pesado silencio, donde el sonido de la ceniza cayendo al suelo y el humo danzando a su alrededor fue el único protagonista de una conversación muda.


lunes, 13 de diciembre de 2010

Forgive.



- Siempre he querido preguntarte por qué razón no fuiste al entierro de Papá y Mamá.

- Me marché de casa sin despdirme y dando un portazo. Le di un empujón a Papá cuando me encontró y salí corriendo, No tenía razones para despedirme de ellos, no tenía que agradecerles nada.
- Pero podrías... disculparte.
- ¿Disculparme?. Si no quisieron saber nada de mí en vida no les hará gracia que perturbe su "descanso eterno" por un "lo siento". No malgastaría tiempo hablándole a una lápida y esperando una señal del cielo.
- Pero eso puede aliviarte, puede quitarte un peso de encima.

La mayor dio una profunda calada a su cigarro, dejándo que las cenizas empezaran a caer lentamente al suelo con una pequeña estela de fuego, humo, y olor nauseabundo. Entrecerró los ojos con rabia y desesperación, miró una vez mas hacia fuera y expulsó el humo de su garganta mientras escupía sus últimas palabras en aquella conversación.

- No me arrepiento de nada, y nunca lo haré.



- Asfixia.